
"...Es necesario un gran esfuerzo de imaginación para, al mismo tiempo, medir la gravedad de la contaminación y ver las consecuencias que trae para el futuro de nuestra civilización y los cambios necesarios en nuestra política económica para conseguir hacerle frente.
Estamos desviándonos del curso de la historia del hombre sobre la tierra. Hemos vivido mucho tiempo con la idea de que la naturaleza era un bien inagotable, gratuito y eterno. Hoy descubrimos por el contrario que la naturaleza no es un bien inagotable, sino un bien raro, no gratuito y sí cada vez más caro de proteger, y no eterno, sino temporal, pues es muy frágil y corre el riesgo de desaparecer, llevándose consigo, en esta extinción, a la humanidad entera.
Debemos, pues, adoptar una posición contraria a todo lo que se nos ha enseñado fundamentalmente desde hace dos siglos; el culto al progreso científico y técnico, la creencia en las ventajas de la urbanización y el fervor por el progreso industrial.
La filosofía liberal y la filosofía marxista sólo se preocupan del nivel de vida y no de la calidad de la vida. La degradación de los paisajes montañosos, de las costas o del campo, lo que llamamos contaminación estética, no existía en el siglo XIX, puesto que no había turismo. Del mismo modo, fuera de los centros urbanos, los cursos de agua en conjunto irradiaban vida y salud.
Estos problemas son modernos por su gravedad. Los hombres del siglo XIX pensaron en términos de relaciones humanas más que en términos de relaciones entre el hombre y la naturaleza..."
Los productos de desecho domésticos
"...La acumulación de residuos domésticos sólidos constituye hoy día un problema agobiante en los países del capitalismo industrial. El aumento de la población, junto al desarrollo del proceso de urbanización y la demanda creciente de bienes de consumo, intensidad de la propaganda y publicidad, etc., determina un aumento incesante del peso y volumen de los desechos producidos..."
"...Capítulo aparte merecen también los "cementerios" de automóviles, situados muchas veces en las entradas mismas de numerosas poblaciones y que constituyen un verdadero testimonio de todo un sistema y una época. Su volumen alcanza ya magnitudes gigantescas. Se calcula que sólo en 1964 fueron abandonados en Estados Unidos y Canadá alrededor de 6 millones de vehículos. El problema de la polución del suelo que pueden plantear todos estos desechos al asalto del planeta es sin duda, salvo excepciones, distinto que el planteado por la contaminación atmosférica y de las aguas, pues en general, los productos de desecho urbano permanecen en el mismo lugar donde se depositaron durante períodos relativamente largos. Sin embargo, productos como las basuras pueden ser focos contaminantes o excelentes medios para el desarrollo de insectos y roedores, sin contar las molestias ocasionadas y los efectos de destrucción del paisaje.
Los vertederos de basuras como focos contaminantes.
La eliminación de residuos domésticos plantea graves problemas en numerosos países, pues el reciclaje, la transformación en abonos orgánicos o la incineración de las basuras, resulta por lo general antieconómica y exige subvenciones. El método más empleado para eliminar los residuos sólidos es su amontonamiento al aire libre. Además de sus características antiestéticas, ello puede plantear graves problemas de orden higiénico. Amén de atraer ratas, insectos y otros vectores de enfermedades, los vertederos de basuras, cuando llueve, contribuyen a contaminar las aguas superficiales y subterráneas, en particular si se hallan situados en terrenos permeables.
Los costes ecológicos
La interacción entre el hombre y el resto de la biosfera determina una regresión de los ecosistemas. Hoy los efectos de la contaminación se suman a la histórica destrucción de los sitemas naturales por el hombre.
Ello es apreciable en el constante empobrecimiento del medio por los efectos de la contaminación sobre la vegetación y la fauna. Este empobrecimiento repercute en la estabilidad de los ecosistemas, ya que cuanto más diverso y complejo es un ecosistema mayor estabilidad posee. Se desconoce cuánto dióxido de carbono, dióxido de azufre u otros contaminantes puedan liberarse sin que esto provoque cambios climáticos irreversibles o la acumulación de cantidades de diversos agentes contaminantes que puedan interrumpir los procesos biológicos de manera definitiva...Pero si los límites superiores nos son desconocidos, los efectos inmediatos son ya cuantificables ecológicamente. Así sabemos que la acción conjunta de la contaminación y de la destrucción del medio ambiente pone actualmente en peligro la supervivencia de 280 especies de mamíferos, 350 aves y unas 20.000 especies vegetales.
Muchos ecosistemas están gravemente amenazados. Los ríos se convierten en colectores abiertos, perdiendo las aguas su poder autodepurador. La fauna y la flora de ciertas zonas costeras se ve profundamente afectada..."
"La Contaminación" Biblioteca Salvat de Grandes Temas. Personalidad entrevistada: Philippe Saint Marc. Barcelona 1974.
-Si tirás un puto papel en la calle considerate un sucio. Digo yo.
-Tenemos una ciudad para amar. Dicen unos tales Strokes.
4 comentarios:
Soy completamente sincera y te digo que... No soy muy "ecologista" que digamos. Una de las razones? Me gustan las pieles! Que le voy a hacer?
Te quiero Esteban.
Maru.
[...]Se pelan los bosques, la tierra se hace desierto, se envenenan los ríos, se derriten los hielos de los polos y las nieves de las altas cumbres. En muchos lugares la lluvia ha dejado de llover, y en muchos llueve como si se partiera el cielo. El clima del mundo está para el manicomio. Las inundaciones y las sequías, los ciclones y los incendios incontrolables son cada vez menos naturales, aunque los medios insisten, contra toda evidencia, en llamarlos así. Y parece un chiste de humor negro que las Naciones Unidas hayan llamado a los años noventa Década Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales. ¿Reducción? Esa fue la década más desastrosa. Hubo ochenta y seis catástrofes, que dejaron cinco veces más muertos que los muchos muertos de las guerras en ese período. Casi todos, el 96 por ciento para ser precisos, murieron en los países pobres, que los expertos insisten en llamar “países en vías de desarrollo”[...]
-Eduardo Galeano- S.O.S.
"...Las palabras pierden sentido, mientras pierden su color la mar verde y el cielo azul..."
Hola Teby!! la verdad que no lo lei, por mas que vos digas que son solo 5 minutos.
ahi puse en el fotolog una de las fotos que me pasaste y de pedo, por que esta porqueria sigue andando mal, despues me contas como les fue el sabado, un beso y nos estamos viendo!
a ver cuando sacas un libro... jaja
Dana
El Indio y la Naturaleza
Profundamente integrada en su entorno natural, la vida del indio transcurría en una interrelación y un diálogo permanentes con todos los elementos de la naturaleza, a la que veneraba. Para él, todo en ella tenía un alma, los objetos y los fenómenos naturales árboles, montañas, ríos, animales, el viento, la nube, el rayo...- eran encarnaciones de fuerzas superiores, que podían ayudarle o destruirle, según fuera su actitud para con ellas. Y estos elementos naturales eran, por consiguiente, símbolos que le hablaban y cuyo lenguaje el sabía entender,. de ahí extraía el indio su profunda sabidurla «ecológica», su íntimo conocimiento del mundo natural, que, por otra parte, sabía aprovechar con mucha inteligencia para su sustento, sin destruirlo inútilmente y con un íntimo sentimiento de gratitud que manifestaba constantemente. La tierra, para él, era la Madre Tierra -que le daba el sustento y le cobijaba como hace una madre con sus hijos- y no una simple extensión material destinada a ser explotada para su beneficio económico. Por eso algunas tribus, como los Nez Percés, se negaban incluso a cultivarla, pues ello equivalía a «rasgar el pecho de su madre». Esta naturaleza, este mundo «misteriosamente sumergido en Dios» era siempre para el indio un santuario que encerraba la presencia del Gran Espíritu y la manifestaba a través de los innumerables fenómenos naturales. Sin duda, para nuestro mundo de hoy, acuciado por graves problemas ecológicos provocados por una actitud temerariamente destructiva ante la naturaleza y por un modo de vida demasiado alejado de ella, la visión que del mundo natural tenía el piel roja ofrece algunas respuestas que haríamos bien en escuchar.
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